Si te quieres mantener vivo será mejor que escuches a tu cabeza y no hagas caso de tus sentimientos, aunque he de decir que los valientes suelen morir.


14 dic. 2011

Una y otra vez.

Las calles andaban desiertas y el sol de diciembre calentaba mi pequeño corazon, aunque no lo suficiente como para derretir la barrera de hielo que se habia formado en torno a el.
La verdad es que la desilusion habia invadido cada rincon de mi cuerpo, yo era el afectado, naci en una epoca que pocos lograrian entender,  los ecos de la guerra me habian dejado sordo y ya nada merecia la pena despues de asumir que esta realidad sin piedad nunca tendria esperanzas para mi, me habian destrozado la sensibilidad mientras que ya no podia confiar en nadie, las injusticias y los caminos prohibidos habian llenado mi cabeza de recuerdos que taladraban cada ilusion, cada sueño.
Perdi la confianza en un intento de sobrevivir en este mundo, que con total frialdad estaban aniquilando vidas como si de peones de ajedrez se trataran, y llega un momento en el que tantas muertes en vano por un miserable trozo de tierra pueden acabar enloqueciendo hasta al mas cuerdo, sin explicacion y con  justificacion llevaban al mundo por el camino del sufrimiento y la muerte.
La desesperacion y la tristeza eran conceptos que se quedaban a vivir en la vida de las personas y finalmente eran hasta habituales, durante años, durante decadas me quemaban las ideas y el echo de saber que yo mismo podia ser victima de tales puñaladas me hacia sentir inseguridad.

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